Problemas de consumo

Hoy salí, me fui por el camino pisando hojas secas, iba en camino a comprar flores secas, con el objetivo final de fumar flores secas, de ese modo ya no sería necesario volver por el camino pisando hojas secas, ni tampoco volver a salir a comprar flores secas. Quería encontrar la calle tal como la deje antes del encierro. Lo que me encontré  fue mejor de lo que esperaba, algo mejor de lo que quería, y es raro eso de encontrarse con una sorpresa mejor, me acostumbré a proyectarme a futuro en espacios de baja expectativa, no era el caso, las calles estaban semi vacías.

Después del estallido, o como quieran llamar a lo que pasó en octubre de 2019, después de que eso pasó y siguió pasando, le solía pedir a todas mis agendas, a todos mis calendarios, a todas mis cartas gantt diarias, a todos esos archivos excel de vida que por favor pasara una locura, y es necesario hacer diferencias, yo no considero que lo que pasó en octubre y siguió pasando el resto del tiempo haya sido una locura, no es una locura porque se posiciono y no se fue, para mi una locura es intensa y fugaz, porque no hay espacio que la soporte. Yo mientras masticaba ese chicle egoísta pedía una locura, a todas esas estrellas en las que creo pero no siento, les pedía un terremoto que abriera una fisura en la tierra y me tragara, una locura, si hubiera pasado eso hubiera dejado de estar aburrido. Y quizá eso era todo, estaba aburrido, no quería volverme loco, o por lo menos no tan loco, quería un payaso que no fuera mi reflejo en una vitrina, porque en ese tiempo ya no habían vitrinas, solo telones de metal, y reflejarse loco es incómodo, prefería construir una locura en su exterioridad, pieza lego a pieza lego, un bionicle demente. Pero si me ponía a construir una locura y me divertía haciéndolo no tenía mucho sentido, porque si me divertía armando una locura la iba a dejar de construir, porque habría dejado de estar aburrido, tenía dos opciones: decidirme por construir una locura con todo el dolor del mundo para no disfrutar su construcción o simplemente sentarme a esperar a que llegara. Y me senté, obvio que me senté, si me ponía construir es probable que muriera de aburrimiento y en estos tiempos nadie sabe a qué cielo van los muertos de aburrimiento, no iba a arriesgarme, tengo la teoría de que la última sensación terrenal que tienen los muertos de aburrimiento es su corazón dejando de latir, entre medio de sus dientes. Yo no quería comer mi propia carne, no quería morir de auto-asfixia erótica, yo quería las cosas tal como estaban, es por eso que necesitaba una locura.

No sé como seguir esto, porque se podría decir que la locura llegó, pero ahora que la tengo en frente me pesa un poco el pecho, y esta vez no son mis pulmones. Tengo la locura en frente y me siento a mirarla, nos ponemos a ver películas, a escuchar música, jugamos un rato ajedrez pero nunca hablamos, tengo la sospecha de que si abro la boca solo un segundo ella saltaría por mi garganta. Creo que en mi imaginario todos los problemas son problemas de consumo. Bueno, no soy tan ambicioso como para pensar que soy algo más que un consumidor, no voy a hacer un club de la pelea para ponerlo en tela de juicio, lo doy por hecho. En fin, mirando a la locura a los ojos solo me queda por decir una sola cosa, sigo aburrido, y aparte de estar aburrido, bueno tres cosas, me siento decepcionado y ansioso. No se que mundo extraño más, el que estaba lleno de gente gritándome en la oreja o el mundo semi vacío en el que no puedo hablar.



Hoy no hay canción.

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