Hace un tiempo caí enfermo, gangrena espiritual, cicatricé mis ojos, orejas, nariz y labios, una enfermedad demasiado contemporánea para mi gusto. Estaba acostumbrado a transitar dentro de mi mismo, a veces transitar en superficies lisas y pulidas, en las cuales pudiera reflejarme. Caí enfermo, intenté adaptarme a rutinas de rehabilitación, no pude ver exactamente hacia adonde iba. Mi último recuerdo antes de que mis sentidos colapsaran; me había convertido en quien quería ser, no tenía donde ir, no podía soñar, todo era sueño. Pues, ese era el fin de la historia, apenas pude sentirlo se los compartí, hablé mucho de eso. Esto va a sonar muy Pilar Sordo, pero tuve la sensación de que el fin de la historia es el fin de uno mismo. Me obsesioné con cosas relacionadas al transhumanismo, el cuerpo era una cárcel, creo que no lo entendí bien. Quería ser un androide, pero gritaba y no entendía los códigos, me emocionaba y me caía. Cárcel y cuerpo, presión y prisión, la dialé...