El truco

Antes que todo quería disculparme, no escribo hace un buen rato, me sentía muy seguro para escribir, estaba ocupado viajando, no diría que han sido tiempos de mucha imaginación o de inspiración o algo parecido, nada de eso fue mi salvoconducto en este viaje, si es que me permiten esa metáfora de mierda. 
Creo que a estas alturas se puede notar que no soy necesariamente un escritor de la felicidad, ni tampoco del ultra-sufrimiento, digamos que no soy necesariamente un escritor de profesión, ni tampoco tengo un deber periodístico. Todo va más por el lado de mi relación con la humanidad, que es netamente performativa, no puedo hablar en ese caso de que tengo un deber o algo parecido a una profesión, es más una cosa de ser un buen actor, no necesariamente en el sentido de la actuación, ni tampoco de la acción, es una combinación de ambas, de hacer cosas, creer en ellas y al mismo tiempo verte en tercera persona haciéndolas y saber porque las haces, suena como si hablara de una conciencia, pero yo no diría que ser un buen actor tiene que ver con una buena conciencia, yo creo que estoy más cerca de tener una mala conciencia, o por lo menos una pesada, no es que yo sea el gran ejemplo de eso, pero, quizá esa práctica del actuar, también la de escribir y todo eso, se define a partir de sus imperfecciones, del ensayo y la improvisación incomoda, y lo más importante, un uso indefinido y poco ordenado de los tiempos. Han sido tiempos extraños y relativamente tranquilos para mi, podría citar a los prisioneros y decir que este invierno ha sido más frío que el anterior, pero no frío de temperatura, ni tampoco frío desde una posición sentimental, un frió como de irrealidad, pero no de despersonalización,  yo diría  que son fríos de ciencia ficción. 
Esta entrada va a ser una entrada diferente.
Digamos que la catástrofe nos permite ver las guirnaldas y luces y globos y fuegos no-artificiales de lo anormal, digamos que ese sería el trailer de mi película, empezaría con la ceremonia de inauguración de la anormalidad, escena siguiente, la fiesta termina y el protagonista entra en una capsula, cierra la puerta y se congela hasta que aparecen los créditos en la pantalla, para mi esas son las noches de ciencia ficción de las que estaba hablando, todas las cosas que podría buscar, no las podría encontrar despierto, es lamentable que ya no pueda soñar, sería muy útil poder volver a hacerlo, no sé si abandoné mi diario de sueños antes de dejar de soñar o al verme encerrado, congelado en una cámara criogénica . Creo que a estas alturas deben estar asqueados y pensando, buscando, de donde nace tanto egoísmo, que qué hice con la empatía que derrochaba en mis buenos/malos/pésimos momentos, bueno, la misma oración lo puede decir, la derroché, pero más importante, la empatía quizá tiene ciertos requisitos para funcionar, una presencia real de un otro, no una presencia virtual, o bueno quizá también una presencia virtual, pero más importante es la presencia real. Supongo que podemos ser empáticos recordando, con esa memoria juguetona que tenemos algunos, por decirlo de algún modo cariñoso, pero personalmente no creo que exista una diferencia grande entre alguien con buena memoria y un psicópata. No quiero que esta entrada se convierta en una defensa a lo correcto de sentirme bien con la soledad de mi alma, o de mi espíritu, o de algún otro concepto abstracto, metafísico, cochino de lo manoseado que está.
Lo importante de esta entrada es la ciencia ficción, una ciencia ficción que está afuera pero que se debe vivir en casa y en soledad, una ciencia ficción que en la mayoría de los casos se forma con lagunas mentales, de metales fríos o calientes, duros y poco flexibles, una ciencia que no te quieres dar el tiempo de averiguar si es ficción o otra cosa, una ciencia de despertar en la misma cama todos los días, una ciencia de levantarse temprano, de lavarse los dientes, una ciencia de no sacarse fotos hasta esperar el momento perfecto, una ciencia del momento perfecto, una ciencia de caerse en las redes, sin darte cuenta que entre tus otros forman redes, que sostienen a otros que también son redes, una ciencia imperfecta de la perfección, una ciencia de cuerpos lisos, de bellos, de feos. Una ciencia simpre es real, la ciencia es la hegemonía de lo real, me gusta usar ese termino, ciencia ficción, es lo más cómodo que puedo hacer ahora. En el fondo siempre me voy a permitir jugar, llorar y bromear.

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